El autoconsumo según Javier Anta (ex presidente de ASIF)

Supongamos que usted instala unos paneles fotovoltaicos en el tejado de su casa y la electricidad que produce ese sistema solar le resulta más barata que la luz que le compra a la compañía eléctrica. Si, como se le presupone, usted actúa racionalmente, consumirá toda la electricidad que pueda de sus paneles y sólo comprará la energía necesaria para cubrir sus necesidades cuando su sistema solar no esté funcionando, como ocurre de noche. Su bolsillo le agradecería el ahorro directo del autoconsumo en cada recibo, pero también obtendría el agradecimiento del bolsillo del resto de consumidores, porque su sistema solar, al producir localmente, evitaría ese 15% de pérdidas que se producen con el transporte y la distribución de la energía y que son sufragadas por todo el sistema. Además, su decisión de autoconsumir energía crearía actividad económica y empleo, reduciría las importaciones energéticas y mejoraría la balanza de pagos, además de contribuir a la lucha contra el calentamiento global. Su aportación en estos ámbitos sería pequeña, pero si muchos consumidores optasen por el autoconsumo, hablaríamos de otro orden de magnitud. Es obligatorio subrayar que su instalación solar de autoconsumo sería rentable por sí sola, sin recibir primas o subvenciones del resto dela sociedad; su autoconsumo sólo tendría ventajas económicas y sociales. En función de la irradiación, esta hipotética situación ya podría ser una realidad en las Islas Canarias, mientras que podría serlo en todo el país a mediados de la presente década, porque el precio de la luz no para de subir y el coste de la fotovoltaica no para de bajar: las primas se han reducido más del 70% en cuatro años y siguen descendiendo un mínimo del 10%anual. Sin embargo, la regulación española todavía no nos deja aprovechar nuestra propia energía.
Afortunadamente, hay una normativa en tramitación, con lo que España se sumará pronto al carro de EE UU, Alemania, Italia, Japón y muchos otros países. En California, por ejemplo, tiene un éxito superlativo; allí hay un sistema de primas decrecientes, como en España, pero los usuarios comienzan a rechazarlas, porque son menos rentables que el autoconsumo. El autoconsumo fotovoltaico conllevará el nacimiento de un nuevo mercado, ligado al ahorro, que convivirá con el actual, dependiente de las primas, hasta que éstas dejen de tener sentido: nadie que ponga un sistema fotovoltaico en su tejado querrá cobrar por cada KWh solar menos de lo que le cueste ese mismo Kwh suministrado por la compañía.
Javier Anta ex presidente de la Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF).